Las cámaras de videovigilancia instaladas en toda la flota de autobuses de la Empresa Municipal de Transporte (EMT) han puesto más difícil el ‘trabajo’ de los carteristas. 

Las líneas preferidas por los rateros coinciden con aquellas que transportan más viajeros, las que recorren el centro y zonas turísticas o las que operan de noche. Concretamente, suelen actuar en la línea 27 (que enlaza Plaza Castilla y Embajadores, atravesando la Castellana y el Prado), las circulares 1 y 2 (que recorren las rondas alrededor del centro) y la 70 (Plaza Castilla-Alsacia). Estas cuatro líneas están entre las cinco con más afluencia de toda la red.

Además, los agentes y conductores señalan otros trazados calientes, como la 66 (Cuatro Caminos-Fuencarral), la 124 (Cuatro Caminos-Lacoma) o la 38 (Manuel Becerra-Las Rosas), que acercan a vecinos de barrios residenciales a la almendra central de la capital. Los cuerpos de seguridad también prestan especial atención a las líneas nocturnas, tanto por la presencia de carteristas como por las agresiones.

"Los ladrones aprovechan los autobuses con más aglomeraciones y los largos en forma de acordeón, para escapar del tiro de las cámaras y porque les resulta más fácil escapar si les cogen in fraganti", explican fuentes de la Policía Nacional, que colaboran con los agentes municipales en la detección de estos robos.

Grabación en tiempo real

En cambio, el sistema de videovigilancia (conocido por las siglas VEA) ha sido más efectivo en el resto de la red. Desde el primer trimestre de 2011, la totalidad de los 2.068 autobuses de la flota de EMT poseen cámaras (9.000 dispositivos en total) que graban en tiempo real el interior del vehículo. Estas imágenes se almacenan en el bus durante una semana. Cuando el conductor acciona una alarma, los vídeos llegan a un centro de recepción que coordina las actuaciones de seguridad.

"No disponemos de datos, pero la sensación general es que la acción de los carteristas ha bajado notablemente. Además de la vigilancia con cámaras, hay otros dos factores que los ahuyentan: la bajada de viajeros por la crisis, por lo que ya no hay tantas aglomeraciones como antes; y la alta rotación de los usuarios, es decir, los viajeros del autobús hacen trayectos cortos y los ladrones tienen menos tiempo para planificar su estrategia", apunta un portavoz de la EMT. Además, "el autobús es menos propenso a los robos que el metro, porque los viajeros van sentados y los carteristas tienen menos facilidad para camuflarse", añaden desde la empresa pública. A finales de febrero, la Policía detuvo al clan de carteristas más activo del metro (llamadas 'las bosnias') y el juez dictó una orden de alejamiento contra ellas.

Las medidas de seguridad en los autobuses también se extienden al espacio físico de los conductores. El Ayuntamiento ha extendido las mamparas de seguridad a gran parte de los buses de la EMT, ante las quejas de los trabajadores por las agresiones en líneas conflictivas (nocturnos o autobuses que recorren áreas del extrarradio de la capital). El objetivo es aislar al conductor del resto del vehículo. Según fuentes sindicales, "la instalación de mamparas ha reducido las incidencias y la inseguridad: las denuncias por agresiones han bajado".